la imagen vaciada

La imagen vaciada, por fernando prats

Pensar, practicar y entender la fotografía como un banco de imágenes perpetuo nos propone algunos retos, por un lado gratificaciones enmudecidas bajo la amorosa fórmula del MeGustas y de comentarios retóricos, por el otro, la ausencia de lecturas posibles, la planicie del significante y la digestión del significado, entregan una imagen desprovista de conflicto, vaciada de interpretaciones.

Sin embargo, este imaginario acéfalo se ha convertido sin esfuerzo en el Zeitgeist de una época, de ésta.

Tiras y tiras de jotapegés sin rumbo anuncian sin denuncia, intentan afinar en una partitura de auto-tune, parafrasean con dislexia, echan mano de lugares comunes y ahí, en ellos se quedan.

Quizá alguno se pregunte de dónde proviene ese refugio poco discriminado de horas y horas ventilando intimidades de dudoso interés, esa afirmación cuantificada de la rutina del progresa adecuadamente, esa rendición al submundo de los emoticonos, esa exaltación alegre permanente.

El síndrome del micrófono huérfano se expande y pone en primer plano las miserias desde las carnes de talent-shows y candidatos políticos.

El discurso se hace ínfimo en un mapa que se asemeja cada vez más al territorio.

Desde El Pozo, Onetti profiere: Esta es la noche, quien no pudo sentirla así no la conoce.

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