a zygmunt bauman

A Zygmunt Bauman, por fernando prats

En los últimos diez años lo que entendíamos por tecnología y por lo tanto nosotros y por ende el mundo, cambió radicalmente. Tan radical ha sido este hiato que sumergidos en la brecha y ahogados por la falta de perspectiva y de aire en cualquiera de sus acepciones, algunos no lo han asumido. Aún no lo hicieron.

¿Ha caducado la sociedad de control que Foucault diagnosticaba en el clásico ‘Vigilar y Castigar’ (1975)?

En tiempos en los que como decía Bauman ‘la vida online es un refugio’ y como menciona mi amigo Tati Perez ‘las redes sociales son el terreno de una forma de vigilancia voluntaria, hecha en casa, preferible a las que operan agencias de espionaje’, la invisibilidad del guante blanco está de parabienes, incrédulamente inmersa en la fiesta de la hiperinformación. La parodia de los influencers solo lo ha puesto de relieve, cambiando de lugar la guinda del pastel. No hace falta mucho más que algo de pericia y una base de datos comprada y segmentada.

El verdadero diálogo solo se produce en las interacciones con los diferentes. El otro, el rechazo al otro, el miedo al otro. Hablamos de la necesidad de la inclusión de lo diferente. Cierta inscripción de lo mismo, que no es lo idéntico, la différance, de Derrida. Por más que cueste, es la única manera de entender el mundo que nos toca, con la aquiescencia del síndrome del me gusta. Aunque en la caverna suene el clamor sórdido de las notificaciones y los supuestos amigos, el único sonido que se escucha es el eco de nuestra propia voz.

A Zygmunt Bauman (1925-2017).

Vida líquida, amor líquido, Zygmunt Bauman

Etiquetado , , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *